domingo, 11 de marzo de 2012

Presentaciones

Empezó de forma inusual: por el final. Normlamente las personas corrientes cuentan su historia desde el principio. Pero hay estaba la clave. Ella no era corriente. Su aspecto era bastante común. Ni muy alta ni muy baja. Tampoco destacaba en belleza: sus rasgos finos y difuminados pasaban despercibidos. Pero habia algo que solo se veía cuando te fijabas. Sus ojos transparentes. Solia llevar maxigafas de sol para no llamar la atención de los transeúntes. Sin embargo, no tenía más remedio que quitárselas al entrar en los locales de la zona. Entonces es cuando te das cuenta de que no es de este mundo, de que a la vez que te aterroriza, su magnética mirada te atrapa y se queda grabada en tu mente, sin vuelta atrás. Sabes que no podrás olvidar esos ojos en tu vida. Nunca. Incluso después de morir. Y como lo sé por experiencia propia, contaré yo, Victor Morgenston, las memorias de Kristine.

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