En ese momento, Kristine se dirigía a la ducha. Recogió su ropa y se la llevó al baño. Dejó todo encima del lavabo y empezó a quitarse la ropa. Se quedó enganchada, como siempre, en el cierre del sujetador. Cuando consiguió liberar su pelo, se metió en la bañera y dejó que corriera un poco el agua para que se calentase. Unos minutos después, el agua chorreaba por todo su cuerpo, inundándola de una sensación de calor y seguridad. Se enjabonó el cuerpo y después la cabeza. Cuando terminó de aclararse extendió el protector de tinte rojo desde la raíz de sus cabellos hasta las puntas. Esperó a que surtiera efecto y volvió a introducirse debajo del chorro de agua. Aquella noche había sido especial, pero deseaba con toda su alma que no se volviesen a ver más, no era una buena compañía, y además, ¿qué pensaría su padre de ella? Cerró los ojos y reflexionó: tenía que explicarle a Dan que ya no se volverían a encontrar nunca más. Entonces notó como el agua se espesaba, como caía con más fuerza sobre su piel. Le gustaba esa sensación. Abrió la boca y saboreó el agua. Pero entonces se le vino a la cabeza: el agua no sabe. Aquel exquisito sabor agridulce no era agua. Respiró. No lo podía creer. Sus ojos se abrieron lentamente, con miedo de el resultado que iban a comprobar. Sangre. Sus músculos no respondieron. Era incapaz de mover un solo dedo. Pero al final se giró. Hay estaba él, crucificado en el techo del cuarto de baño, con una mueca de dolor en la boca, de la cual goteaba sangre negruzca. Su primera reacción no fue gritar, si no limpiarse la piel de la costra de sangre que se había formado al caer las gotas sobre ella. Sacó su cuerpo de la bañera, cogió una toalla y se la enrolló en la cabeza. Su albornoz colgaba de la puerta, pero no lo cogió. Caminó desnuda por la casa hasta que llegó a la despensa. Abrió el cuarto cajón de la derecha. Cogió el revólver. Se apuntó a la sien y...
-Cielo, debo irme.
-¿ Qué... qué..?
- Van a ser las once y tus padres llegarán tarde o temprano.
Todo había sido un mal sueño. Dan se despidió de ella con un beso. Escuchó como la puerta se cerraba tras él. Estaba desconcertada. ¿Todo lo había soñado? Era tan real.... Se levantó de la cama y se puso la bata. Pero hubo algo que le extrañó. La cama estaba cubierta de sangre. Y ella también.